Cambio en el equipo del Ministerio del Interior: sale Walter Albán, entra Daniel Urresti

Oscar Valdez, Daniel Lozada, Wilver Calle, Wilfredo Pedraza y Walter Albán son los nombres de los que han sido responsables de liderar el sector interior durante los casi tres años de gestión de Ollanta Humala. Daniel Urresti es el sexto Ministro del Interior, en una cartera en la que prima la inestabilidad y a la cual se dirigen la mayoría de críticas al gobierno actual. No por nada, el gran responsable de la caída de la popularidad del presidente es su lerdo trabajo contra la inseguridad y la delincuencia.

Sin embargo, a pesar de los cambios, el gobierno no ha encontrado el liderazgo que necesita en el sector. Probablemente la búsqueda sea infructuosa no por los candidatos, sino por el reclutador. Precisamente, el presidente dio muestra de sus falencias en seguridad ciudadana en la última entrevista televisiva que brindó (ver: Las inseguridades de Ollanta y la seguridad ciudadana). 

Pero más allá de eso, Daniel Urresti es un personaje con un perfil diferente a los dos ministros que le antecedieron: es un ex militar que llegó hasta el nivel de General de Brigada del Ejército (la misma fuerza que Ollanta Humala), especialista en comunicaciones, trabajó en Defensa Civil y posteriormente fue Alto Comisionado de Asuntos de Formalización de la Minería Ilegal, adscrito a la Presidencia del Consejo de Ministros. En este cargo alcanzó popularidad por sus aparatosas acciones para acabar con la minería ilegal. Ese rasgo se hizo presente en su primer discurso en el Ministerio del Interior, cuando dejó el micrófono y, a voz en cuello, se dirigió al público y la prensa. Habló de un punto de quiebre, de la lucha frontal contra la criminalidad, de los pocos recursos que tienen, entre otros.

La motivación parece ser uno de sus fuertes. Con esa virtud se pueden ganar partidos y batallas, pero los proyectos de largo alcance –como la lucha contra la delincuencia- requieren más que motivación. Se necesita tener una hoja de ruta clara y acciones que respondan a preguntas directas: ¿cómo se enfrentará a los delitos menores y las faltas, que aquejan tanto a la población?, ¿cómo se combatirá a la gran delincuencia?, ¿cuál va a ser su actitud frente a la corrupción policial?, ¿se va a reformar realmente a la policía y mejorarán sus condiciones laborales?, ¿continuará el proyecto de eliminación del 24x24?, ¿cómo va a ser su relación con la Oficina de Nacional de Gobierno Interior?, ¿qué se va a hacer para disminuir las armas ilegales, que se utilizan en los delitos?, ¿cuál va a ser su política de prevención y trabajo con Juntas Vecinales?, ¿se continuará con el equipamiento de la PNP?, ¿se mejorarán las condiciones y el plan de estudios con que se forman los futuros policías?. Por otra parte, ¿cuál va a ser la reacción del Ministro del Interior ante organizaciones como la de Orellana o frente a casos similares a lo sucedido en Ancash? ¿qué hará si se descubren más hechos de infiltración del narcotráfico en las fuerzas policiales, como sucedió con el caso del aeropuerto de Lima? ¿qué medidas se van a tomar para atacar la extorsión y asesinatos en construcción civil? Estas y otras interrogantes son básicas para saber si estamos frente a un cascarón o si realmente el ruido es de nueces.

Ahora, si miramos el nombramiento del ministro Urresti junto con la propuesta de paquete de promoción de la inversión, el escenario nos hace recordar la actuación del premier Oscar Valdez. Mano dura desde el gobierno, a través del Ministerio del Interior y la PNP, puede ser muy peligrosa cuando se trata de enfrentar conflictos sociales. En el gobierno de Humala, los muertos por conflictos sociales suman alrededor de tres decenas y el aparente endurecimiento del régimen puede llevar a que los cadáveres se sigan acumulando.

Estos son algunos elementos para evaluar la designación de Daniel Urresti, como el sexto Ministro del Interior del gobierno de Ollanta Humala. Nuestra primera impresión no es positiva, pero –para terminar con una comparación futbolística- no lo descalificamos completamente sin antes conocer cómo se para en la cancha y observar su juego. Al menos los primeros minutos.