Sobre las Maras en el Perú
21/06/2012

En materia de políticas públicas es importante reconocer y comprender los problemas en su real dimensión, para que las decisiones que se tomen sean las más adecuadas. En contraste, los contextos de gran temor o incluso de pánico pueden apresurar y acrecentar la demanda popular por medidas proporcionalmente adecuadas a dicho temor o pánico y no a la situación real, lo que suele ser contraproducente.

En las últimas semanas diversos medios locales han dado cobertura con particular interés al asunto del pandillaje en el Perú, señalando con cierta seguridad que algunas de las personas detenidas en el Callao pertenecen a la pandilla Mara Salvatrucha 13 (MS13) de El Salvador, al llevar tatuajes con esa denominación y ejercer prácticas de violencia similares a las que caracterizan a dicha pandilla.

Al mismo tiempo, tales medios han difundido información sobre la naturaleza de la MS13, el impacto de sus actividades de violencia y delincuencia, así como su extensión en distintos países de Centro América. La cobertura mediática que ha tenido este tema podría generar en la población el temor de que se esté instalando en nuestro país una pandilla directamente vinculada a la MS13.

En líneas generales, el origen de las maras se remonta a mediados de la década de 1960, en la Calle 18 de la ciudad de Los Ángeles, California, con la llegada de hijos de inmigrantes mexicanos. Veinte años después, a principios de la década de 1980 se estima que un millón de centroamericanos emigraron a los Estados Unidos, a las zonas metropolitanas de Los Ángeles, convirtiéndose pronto en los marginados entre los marginados. Desde 1988 más de 300 mil salvadoreños fueron repatriados (el cuarenta por ciento de los deportados serían pandilleros), como parte de una intensa política de deportación implementada por los Estados Unidos. Se calcula que las Maras tienen hoy más de ciento cincuenta mil miembros activos entre E.U.A., El Salvador, Honduras, Guatemala, Nicaragua y México. Además del gran impacto en términos de homicidios (se atribuye a las pandillas más del cincuenta por ciento de ellos), es relevante comprender la magnitud del tema maras en El Salvador en términos de su poder de convocatoria en los medios y a nivel de la agenda política. En marzo del presente año entró en vigencia una tregua entre las pandillas MS13 y Bario 18 impulsada por el gobierno, con el respaldo de la Iglesia Católica, a partir de la cual se han reducido los homicidios en ese país de catorce a menos de cinco diarios. Sin calificar o estimar las probabilidades de éxito de tal medida, ambas pandillas tendrían la intención de que la tregua sea el inicio de un proceso de pacificación permanente. Según han manifestado sus líderes en el comunicado conjunto suscrito el 19 de marzo de 2012, “reiteramos a toda la sociedad que si bien hemos sido parte del problema les pedimos se nos permita hoy ser parte de la solución, para lo cual requerimos del apoyo de toda la sociedad y del Estado para llevar a feliz término con la ayuda de Dios este proceso”.

Fuentes de la PNP consultadas por IDL-SC aseguran que en el Perú la evidencia obtenida a partir de labores de inteligencia y de las detenciones de los siete supuestos miembros de la MS13 durante las últimas semanas en el Callao, permite descartar que la MS13 se encuentre en proceso de instalación en nuestro país. De hecho, hasta la fecha no ha sido posible para la PNP encontrar indicios en ese sentido. Lo que se ha podido ver en los medios locales es a miembros de las típicas pandillas y bandas delictivas pequeñas locales que han adoptado características similares a las de la MS13 probablemente con la finalidad de generar temor entre sus contendores en el marco de la disputa por el control de espacios en la calle. Ello coincide con la opinión de expertos como la socióloga Lucía Dammert, quien ha señalado al respecto, considerando la complejidad del contexto en que se formaron las maras durante las últimas décadas, que “es un fenómeno difícilmente trasladable”1 , opinión que ciertamente compartimos.

Ahora, el hecho de que en nuestro país haya delincuentes y pandilleros copiando las formas de actuar de las maras con el mismo grado de violencia constituye un problema muy serio, respecto del cual es preciso que nuestras autoridades tomen oportunamente las medidas más adecuadas, lo que requiere que el problema no sea sobredimensionado.

1. Palacios, Rosa María. Entrevista a Lucía Dammert. En: www.larepublica.pe/20-05-2012/lucia-dammert.